Butifarritas con sabor a Perú - Chile
Al abrir mis ojos , me encontraba en la habitación de AKKI llena de juguetes, peluches . Akki entró corriendo por el cuarto. De un año y medio, con ojos rasgados, de cabellos lacios y largos y una sonrisa encantadora, se llevó mi corazón por los próximos días en Santiago. Romi me dijo: “ y como amaneciste”.- Respondí yo : estupenda, aunque con mucho frio, sentía como la espalda me dolía y se endurecía. No podía tocar el agua helada porque me congelaba hasta la punta del cabello.
Me asomé por la ventana y vi como el sol resplandecía en las montañas llenas de nieve
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. Santi es una capital llena de edificios modernos uno tras otro pareciera encima de otro, un sol resplandeciente inclusive en invierno y un nudo de montañas q envuelven el lugar. Los Andes de Perú me habían seguido hasta aquí, pensé.
¡Que bello lugar! Pronuncié, Romi dijo:” Las Condes es el mejor barrio de Santiago, un centro de comercio, donde se mueve mucho dinero”. La ventana daba al majestuoso Hotel W , uno de la cadena mas importante América. En los próximos minutos tuve una cátedra de lo mejor de Santi y cuanto había desarrollado en Latinoamérica.
Mis ojos lloros se reflejaban en las lunas de la ventana, estaba muy feliz conociendo un país más de América Latina. AkKi seguía correteando con la casa de Romi, mientras lo alistaban para ir al nido.
Ya era viernes y había un evento que cubrir. Nos movimos al mercado Central de Santi. Para comprar todo lo necesario para preparar butifarritas con pan crocante, salsa criolla y un toque de ají que nos caracteriza, como marca Perú. Romi había creado una empresa de catering, y teníamos que entregar el pedido.
Nos dirigimos al metro, en la estación del Golf, un mar de gente me esperaba. No tenia ni un peso chileno en el bolsillo. Las gentes caminaban como hormigas de un lado a otro por encontrar la conexión que le llevaba a su destino. Yo desconcertada , miraba la publicidad chilena con términos chilenos, alrededor del subte. Solo seguía a Romi ya que no sabía donde me llevaba.
Chile nos lleva la vanguardia en trasporte como comunicaciones. Pero en comida Perú es el más recomendado.
A la espera de un vagón, conversaba con Romi sobre nuestras vidas, mientras el viento helado nos golpeaba la cara. De pronto, un vagón repleto paró, Romi se distanció por un momento, se alejó de mí. La gente entraba una tras otra y no había la idea de internarme al vagón, y si me quedaba afuera, como regresaría, sin celular, sin noción de donde estaba
-¡ sola en Santiago!.
De pronto empuje junto al resto para entrar al vagón y se cerraron las puertas. Levanté mi rostro y un señor como de 60 años dijo. "Hey tu , a ti te estoy hablando, empujas como un animal ". Lo miré y dije: "Disculpe señor" y me hice a un lado, junto a Romi.
Un poco sonrojada y culpable, baje del metro a tomar otra conexión , sin ningún peso en el bolsillo, seguimos la aventura.Los vagones uno tras otro , con publicidad y una voz que no indica done bajar, parecido al metropolitano limeño , pero mas veloz. Solo que este no tenía asientos preferenciales.
Ya en el Mercado Central, Romi escogió, el cerdo, las cebollas, ají, lechuguita, y condimentos para las deliciosas butifarritas del sábado.
Yo miraba el color de las verduras, la música de las voces chilenas, un grupo de moda y mucho olor de pescado fresco. La gente trabajando, acomodando las caja una a una. De pronto un vendedor me dijo: " Polola, esta este cerdo esta de filete, le doy permiso hoy para que compre del otro lado”, me reí y seguí caminado por el pasillo.
Nos acercamos al puesto de los peruanos, donde encontramos ají, papa amarilla y lúcuma al triple del precio de Lima sin duda. Estaba inmersa en el mundo Santiaguiño, su gente, su idiosincrasia y la vida popular.
Un joven gritó: “guapa que lindo acento, de donde sos”. Sonreí, yo vivía en otro mundo, mi problema era el valor de las monedas en dólares, soles y pesos que me tenía agobiada. Después de entenderlo, me propondría a conocer a lo mejor que tiene un país su gente.
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