relog

lunes, 25 de julio de 2011

Mercado Central de Chile: ¡quiero una empanada de mariscos!

El día anterior conocí a un Hondureño en la Casa de Neruda, moreno y de buen comer iniciamos un recorrido juntos por las calles de Santiago. El segundo día pensamos ir a Fantasilandia , algo así como Disney Word en Sudamérica. Pero tras la piojera y una noche de resaca no pude ir.

Romi nos dirigió al

mercado central, apuntamos las conexiones en el Metro y nos enrumbamos al mercado Central, Era increíble creer que tras un mar de vendedores de todo tipo de frutas, verduras, mariscos, pescados, y un olor penetrante que me quitaba el pensar. Existían restaurantes al medio del mercado Central. Caminamos sin cesar en busca de una empanada de mariscos.


Ya llegando a la esquina encontré un restaurante de poca reputación, un hombre con bigotes largos y de contextura gruesa, se me acercó. ¿Señorita que desea? - Me preguntó, Estoy buscando unas empanadas chilenas de mariscos, podría darme una, por

favor.
- ¡Si, son 2300 pesos!, me senté con el hondureño por unos minutos, mientras veíamos el partido. A la espera de las famosas empanadas de mariscos fritas.

Los minutos pasaban y me sentía impaciente, fue donde decidí pararme y recorrer el famoso Mercado Central de Chile, nada parecido al nuestro. Mientras que en Perú se venden cosas chinas y juegos artificiales, en Chile se encuentra pescados y mariscos.

Caminé en busca de pescado fresco, langostinos muy rojos y sabrosos para hacer un delicioso arroz con mariscos, hice tomas a blanco y negro, sepia y color. Los señores me miraban extrañados pero lo único que no quería es que me quitaran la cámara digital, la única que me acompaña en cada una de mis viajes.

Regresé lentamente hacia mi asiento junto al hondureño, quien regocijante comía dos empanadas.Jugosas rellenas de langostinos y queso derretido , bine fritas y crocantes. Yo sólo me atreví a una y pedí un café bien cargado para acompañarla. Luego de unos minutos, le dije al garzón – ¡por favor lo deseo mas cargado!, el respondió - ¡claro señorita, han ido por mas café a la bodega, en un instante se lo alcanzo!

En una plática amena con el hondureño, hablamos sobre la deliciosa comida de Honduras, y le comenté que la señora que me prepara la comida, trabajó en la casa de la residencia Hondureña, y para los embajadores. El fascinado, ya que su comida, siendo deliciosa aun no ha dado la vuelta al mundo como la nuestra, la peruana.


El tiempo se había terminado y debíamos seguir nuestra ruta por Santiago, la cuenta llegó y yo me asusté. Son 5500 pesos señorita - dijo el garzón. Me quedé perpleja, me habían cobrado un sobre de café como otra taza de café. Molesta pagué la cuenta; en Chile si pides que te den más azúcar, o mas ají todo va a estar reflejado en tu cuenta jajajaja!!!.

No hay comentarios:

Publicar un comentario