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martes, 26 de julio de 2011

Desde la Mar hasta el Anticucho de Grimanesa - Mistura 2011

Dando vueltas por Miraflores, Rob y yo nos dirigimos a paso lento hacia la avenida Santa Cruz y la Mar, en busca de la Tía Grimanesa. Era la 3ra vez que iba tras ella, por su sazón y su sencillez. Pero dando vueltas

sin sentido, quedamos completamente perdidos en Miraflores. Entre las calles modernas y apacibles de Miraflores, nos dirigíamos a la nada.

En instantes, Rob preguntó en una lavandería: Dónde estaba Grimanesa?; mientras yo hice lo mismo, pregunté a un taxista. Teníamos que llegar a esa maravillosa mujer.

- Un joven dijo: !De frente a la derecha y luego a la izquierda! , siguiendo

sus indicaciones. Quedamos frente a un parque sin salida.
Íbamos cerca de una 1hora caminado; Seguiendo el olor de los mejores anticuchos de Lima. Los de la Tía Grimanesa, invitada especial de Mistura 2011.
Una cola de 60 personas esperaban los palitos de anticuchos. La gente se encontraba anciosa y con mucha hambre.

Grimanesa atiende en la calle desde hace muchos años,

aunque los vecinos hicieron los trámites para desalojarla; ella siguió en pie en la misma esquina de siempre. Como los tradicionales anticuchos de antaño.

Las brasas envolvían un mar de sabores, el humo me empujaba al lugar del encuentro. Nos acercamos a ella, quien estaba en una esquina trabajando arduamente. La señora Grimanesa es quien le da el toque especial a cada uno de los anticuchos que pasa por sus manos. Callada y tranquila vertía su sazón, su secreto en cada anticucho, por el resto de la noche.

Rob , dijo: “ creo que ya nos llamaron es el número 28, 28 ”, fue desesperado tras el chef de casaca blanca, encargado de despachar.
Estaba impaciente para que le dieran los palitos de anticucho y la gaseosa que pedimos. Con tan solo 11.50 soles nos dieron 3 jugosos palitos de anticuchos, papa a cuadros y dos muestras de ají; una verde y otra amarilla. Sólo aquello que le caracteriza el sabor peruano.

Rob comía sin hablar, se quedó encantado. Los anticuchos a cocción ¾ jugosos, se salían del plato. Rob dijo: “estos son los mejores anticuchos que he probado”. Deliciosos, sazonados y en su punto para celebrar orgullosos nuestras fiestas Patrias.

Pronto una cámara de televisión nos apuntó; apareció una señorita de producción y nos comentó: “Chicos quieren participar de la noche de la comida peruana”. Rob dijo: “Si claro por favor a, a nosotros también denos una gaseosa Inca Cola para acompañar”.

No quería salir en el comercial de ningún modo. Y le dije van a hacer tomas una y otra vez. Enseguida Rob se paró y yo lo seguí. No alejábamos poco a poco sin voltear, hasta la esquina más próxima. Mientras la noche oscura desaparecía nuestros cuerpos.

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